Ayer la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) reunida en
su 118º Asamblea Plenaria en Pilar, dio
a conocer un mensaje titulado “El
fortalecimiento de nuestra Nación”.
Tengo mis dudas de que la CEA represente a todos los
Obispos. Es injusto imputarles este documento a todos. Se lo imputo a la
Comisión redactora. Personalmente, creo que las Conferencias episcopales son un
organismo eminentemente burocrático y esencialmente prescindible. No hacen a la
constitución divina de la Iglesia. Para hablar derechito: creo que no sirven
para nada y además dan la falsa idea de una Iglesia Nacional. El Obispo está
constreñido a este órgano disciplinador que restringe su jurisdicción. Además,
este tipo de inventos debe justificar su existencia. Para hacerlo, comienzan a
producir documentos. Papeles…y papeles….y más papeles….
El documento es de estilo. De estilo pobre y aburrido.
Plagado de lugares comunes. La Iglesia está como está porque somos lo que
somos.
“Reconociendo
la inmensa dignidad de cada persona podemos decir que las mayores hipotecas del
país siguen siendo la pobreza, la exclusión y la desigualdad”,
advierte. Acá tenemos un slogan recurrente: el de la dignidad humana. Que ahora
es inmensa per se. Confunde dignidad
humana ontológica con dignidad humana moral. Un sujeto amoral o inmoral perdió
su dignidad. Y aunque conserve la ontológica, no merece calificarse
hiperbólicamente de “inmensa”. Comienza ya a despuntar el vicio posconciliar de
la demagogia eclesiástica, tan extendido y tan querido por el Sínodo modernista
de la Amazonia. Lo único que les falta decir es que el infierno está vacío y
que nos salvamos todos porque Dios es tan pero tan misericordioso que no
castiga a nadie. Ja!
Pero no para aquí el asunto.
Resulta que para los
redactores de la CEA, las mayores hipotecas del país son pobreza, exclusión y
desigualdad. Es el mantra de lo políticamente correcto. Se condenan las
consecuencias y se elevan altares a las causas. Ya que se meten en un tema tan
espinoso, porqué no nos cuentan cómo es que llegamos a esta pobreza, a esta
exclusión y a esta desigualdad; qué nos trajo hasta acá? Aún hablando en el
contexto de un mensaje a la Patria y luego de una jornada electoral, uno
esperaría de los Obispos una visión trascendente. Teniendo en cuenta que usaron
282 palabras y mencionaron: 1 sola vez a Dios y 1 sola vez a Jesucristo; y 0 veces a Jesús, a la Iglesia, a María, y a Cristo. Como era esa frase? Del
exceso del corazón habla la boca, no es cierto? Me parece que perdieron la ocasión de hablar de Dios a los
argentinos. De iluminar con la Fe la realidad cotidiana.
Como corresponde, el bla bla del correctismo debe
completarse con una apelación a la diosa democracia “por la cual hemos optado de manera irreversible”. Cómo lo saben?
Quién les dijo que es irreversible? Desde cuándo la Iglesia opta por un sistema
político? “para que la senda democrática
se traduzca en vida digna, desarrollo integral, trabajo para todos, acceso a la
salud y educación de calidad.” De nuevo: qué cosa es cada una de estas
bonitas palabras, qué quiere decir vida digna? Que significa desarrollo
integral?
El resto es palabrerío de circunsatancia y como tal,
inimportante.
De manera que nuestro país, que está en el primer
subsuelo de la decadencia moral, política, económica y cultural (y puede caer
aún más) se perdió la oportunidad de recibir un mensaje de sus Obispos en que
le hablen de Dios. Se perdieron una mirada trascendente y recibieron lo que
reciben de sus políticos, sindicalistas, dirigentes empresarios, artistas y
otros: vacio inmanente. Me estoy haciendo viejo y me harta cada vez más la insustancialidad de toda nuestra
dirigencia, incluyendo a la eclesiástica.
La esperanza no
puede estar ni en la democracia ni en la vida digna ni en la recuperación
económica. La esperanza está en Cristo. Si los Obispos no dicen esto, hablarán
las piedras. Después nos preguntamos porqué crecen tanto los grupos
evangelistas. ¿No será porque hablan de esta esperanza a la gente?

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