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viernes, 8 de noviembre de 2019

Viendo la realidad con humor


Dentro del muy recomendable sitio español  INFOCATOLICA, se puede encontrar el blog titulado LA CAVERNA. Es de carácter humorístico. Con fina ironía, dice las verdades más crudas e irrebatibles. A continuación, y con motivo del Mensaje de la Conferencia Episcopal argentina que comentábamos ayer, reproduzco un artículo de LA CAVERNA que no tiene desperdicio. Fue publicado el 18 de junio de 2018 pero mantiene actualidad. Creo que viene a cuento de lo ya dicho en nuestro post. Reitero: el artículo es de tono exclusivamente humorístico. Aunque no lo parezca.
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(ECOS de la CAVERNA) En exclusiva para ECOS de la CAVERNA, nos complacemos en ofrecer el más reciente comunicado urbi et iturbe de Mons. Renato Panchamplero, Arzobispo de Tortuguitas (Argentina) y Doctor en Relaciones con el Estado, conocido entre el episcopado argentino por su pastoralidad y buena onda.
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Queridos hermanos y hermanas en el Señor o en la Buena Voluntad de los y las no creyentes:
Recientemente, hablé en una homilía sobre la humildad y la mansedumbre evangélicas que debían mostrar los cristianos, escondiéndose mansamente en las iglesias y no haciendo nada que pudiera molestar a aquellos que, en ejercicio de su legitimidad democrática, habían decidido que acabar con niños inocentes era un derecho humano. A fin de cuentas, como expresa el adagio latino, Caesare locuto, asunto finuto.
Con ocasión de esa homilía, recibí algunas quejas de exaltados, citando versículos bíblicos. Por supuesto, no hice ningún caso a esos neopelagianos, pero, como dice la Palabra de Dios, no hay mal que por bien no venga y su insolencia me mostró que es hora de realizar una nueva edición argentina de la Biblia, que nos evite pasar estos malos tragos.
Para ello, me reuní con mis vicarios y consejeros y comenzamos a leer las Sagradas Escrituras. Fue toda una sorpresa, porque la mayoría de nosotros no había vuelto a leerlas desde el seminario y solo teníamos una vaga idea de lo que decían. Es cierto que en Misa se leen lecturas, pero ya sabemos que nadie escucha, incluidos los clérigos, así que quisimos tener información de primera mano. En cuanto empezamos a leer, nos dimos cuenta de que había un gran problema y teníamos que hacer algo.
Lo primero que decidimos fue eliminar el Antiguo Testamento. No me atrevo a mencionar siquiera las barbaridades y violencias que se relatan en él: ¡hay guerras y sangre, y la gente muere y cosas así! Dos de mis reverendísimos vicarios se desmayaron literalmente al leer los primeros capítulos. Terrible. Además, si Dios es el Dios de las sorpresas, no puede tener nada que ver con algo que lleva en su mismo nombre la palabra “antiguo". Como dijo San Marción, “ese no es nuestro Dios".
Una vez solucionado el problema judío, pasamos al Nuevo Testamento. El título nos pareció bien: lo nuevo siempre es mejor. Sin embargo, encontramos multitud de cosas inaceptables y antievangélicas que nos desorientaron. No sabíamos qué hacer.
Algunos propusieron eliminar también el Nuevo Testamento y escribir un Nuevo Nuevo-Testamento, indicando sabiamente que, si lo nuevo es bueno, lo dos veces nuevo tiene que ser dos veces bueno, como diría Gracián. Sin embargo, el Rvdmo. Vicario de Relaciones Ecuménicas con Órdenes Religiosas señaló que eso sería mucho trabajo y que era mejor acudir a los últimos descubrimientos de la exégesis jesuítica. Según nos explicó, el Prepósito General de los jesuitas, el P. Sosa, había descubierto que en época de Jesús no había grabadoras. Nos quedamos atónitos.
Al parecer, los evangelistas o quienes escribieran los evangelios, Constantino o quien fuera, a veces no habían transmitido bien la enseñanza de Jesús de Nazaret. ¡Ahí estaba nuestra oportunidad! Podíamos ir frase a frase y eliminando o modificando las que no se hubieran “transmitido” correctamente.
Pusimos manos a la obra y fuimos decidiendo qué cosas podían quedarse y cuáles no. El Apocalipsis lo quitamos del todo, porque no hay quién lo entienda. Las cartas de Pablo también, porque era un rígido y un proselitista, con perdón, y lo mismo con las de Pedro y Santiago. Nos reímos mucho al ver que había una carta de Judas y al principio creímos que era un buen ejemplo de acompañamiento del pecador, pero enseguida descubrimos que su autor era un homófobo intolerante, así que también lo suprimimos.
En el resto y en los propios Evangelios descubrimos muchas cosas muy poco evangélicas. Donde decía “he venido a traer fuego a la tierra”, claramente debía decir “no he venido a traer…”; “id y bautizad” había que cambiarlo por “quedaos donde estáis y no hagáis proselitismo”; “el que no crea se condenará” solo podía ser “el que no crea también se salvará” y un largo etcétera. La historia del Domingo de Ramos es triunfalismo no cristiano; los evangelios de la infancia, cuentecillos milagreros; las apariciones del Resucitado, un claro caso de aparicionismo. Obviamente, no era propio de Jesús decir algo tan ofensivo como “adulterio” y “adulterar”, y además sus supuestas palabras contradecían un documento reciente de los obispos de esta zona, así que también las borramos. No hace falta decir que la expulsión de los mercaderes del templo fue protagonizada por los rígidos y violentos fariseos y no por el Jesús manso, pluralista y tolerante de corazón que conocemos.
Nunca habíamos trabajado tan duramente, ¡empleamos varias horas!, pero al final el resultado mereció la pena. Básicamente, nos quedamos con una serie de frases verdaderamente evangélicas que nos sabíamos de memoria, como “amaos mucho”, “todo lo hago nuevo”, “el espíritu sopla donde quiere”, “bienaventurados los mansos”, “¿quién soy yo para juzgar?” (dicen que esta frase no estaba en el antiguo Nuevo Testamento, pero no hay nada más evangélico) y algunas más. Por fin teníamos una Biblia manejable, de unas quince páginas, muy apropiada para los hombres de hoy, que no tienen tiempo de leer cosas largas y que ante todo quieren reafirmar sus ideas preconcebidas.
Podemos decir, con orgullo, que nuestra labor ha sido todo un éxito y está empezando a difundirse. Gracias a los contactos de uno de mis hermanos obispos, hemos logrado que, en el minuto 23 del decimotercer episodio de la telenovela Cien días para enamorarse, aparezca un ejemplar encima de la mesilla de noche de la protagonista. Incluso varias diócesis alemanas nos han pedido una copia del Nuevo Testamento ArgentinoTM para traducirlo y utilizarlo en la catequesis. ¡Creo que es la primera vez que Argentina exporta algo a Alemania desde tiempos del virreinato!
Nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo como responsables de la pastoral diocesana. Ahora les toca a ustedes y ustedas, queridos hermanos y hermanas. Léanlo y compártanlo (pero solo con aquellos que ya sean cristianos, porque no debemos hacer proselitismo).
Me despido con un saludo de concordia y enviando energía positiva y buena onda a todos y todas. Paz y democracia.
Mons. Renato Panchamplero
Arzobispo de Tortuguita
Doc. Sacrae Theologiae et Moechiae cum Regibus Terrae


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