Dentro
del muy recomendable sitio español INFOCATOLICA, se puede encontrar el blog
titulado LA CAVERNA. Es de carácter humorístico. Con fina ironía, dice las
verdades más crudas e irrebatibles. A continuación, y con motivo del Mensaje de
la Conferencia Episcopal argentina que comentábamos ayer, reproduzco un
artículo de LA CAVERNA que no tiene desperdicio. Fue publicado el 18 de junio de 2018 pero mantiene actualidad. Creo que viene a cuento de lo ya dicho en nuestro post. Reitero: el artículo es de tono
exclusivamente humorístico. Aunque no lo parezca.
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(ECOS
de la CAVERNA) En exclusiva para ECOS de la CAVERNA, nos complacemos en ofrecer
el más reciente comunicado urbi et iturbe de Mons. Renato
Panchamplero, Arzobispo de Tortuguitas (Argentina) y Doctor en Relaciones
con el Estado, conocido entre el episcopado argentino por su pastoralidad y
buena onda.
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Queridos
hermanos y hermanas en el Señor o en la Buena Voluntad de los y las no
creyentes:
Recientemente,
hablé en una homilía sobre la humildad y la mansedumbre evangélicas que debían
mostrar los cristianos, escondiéndose mansamente en las iglesias y no
haciendo nada que pudiera molestar a aquellos que, en ejercicio de su
legitimidad democrática, habían decidido que acabar con niños inocentes era un
derecho humano. A fin de cuentas, como expresa el adagio latino, Caesare
locuto, asunto finuto.
Con
ocasión de esa homilía, recibí algunas quejas de exaltados, citando
versículos bíblicos. Por supuesto, no hice ningún caso a esos
neopelagianos, pero, como dice la Palabra de Dios, no hay mal que por bien no
venga y su insolencia me mostró que es hora de realizar una nueva edición
argentina de la Biblia, que nos evite pasar estos malos tragos.
Para
ello, me reuní con mis vicarios y consejeros y comenzamos a leer las
Sagradas Escrituras. Fue toda una sorpresa, porque la mayoría de nosotros no
había vuelto a leerlas desde el seminario y solo teníamos una vaga idea de lo
que decían. Es cierto que en Misa se leen lecturas, pero ya sabemos que nadie
escucha, incluidos los clérigos, así que quisimos tener información de primera
mano. En cuanto empezamos a leer, nos dimos cuenta de que había un gran
problema y teníamos que hacer algo.
Lo
primero que decidimos fue eliminar el Antiguo Testamento. No me atrevo a
mencionar siquiera las barbaridades y violencias que se relatan en él: ¡hay
guerras y sangre, y la gente muere y cosas así! Dos de mis reverendísimos
vicarios se desmayaron literalmente al leer los primeros capítulos. Terrible.
Además, si Dios es el Dios de las sorpresas, no puede tener nada que ver
con algo que lleva en su mismo nombre la palabra “antiguo". Como dijo San
Marción, “ese no es nuestro Dios".
Una vez
solucionado el problema judío, pasamos al Nuevo Testamento. El título nos
pareció bien: lo nuevo siempre es mejor. Sin embargo, encontramos multitud de
cosas inaceptables y antievangélicas que nos desorientaron. No sabíamos qué
hacer.
Algunos
propusieron eliminar también el Nuevo Testamento y escribir un Nuevo
Nuevo-Testamento, indicando sabiamente que, si lo nuevo es bueno, lo dos veces
nuevo tiene que ser dos veces bueno, como diría Gracián. Sin embargo, el Rvdmo.
Vicario de Relaciones Ecuménicas con Órdenes Religiosas señaló que eso sería
mucho trabajo y que era mejor acudir a los últimos descubrimientos de la
exégesis jesuítica. Según nos explicó, el Prepósito General de los jesuitas, el
P. Sosa, había descubierto que en época de Jesús no había grabadoras. Nos
quedamos atónitos.
Al
parecer, los evangelistas o quienes escribieran los evangelios, Constantino o
quien fuera, a veces no habían transmitido bien la enseñanza de Jesús de
Nazaret. ¡Ahí estaba nuestra oportunidad! Podíamos ir frase a frase y
eliminando o modificando las que no se hubieran “transmitido” correctamente.
Pusimos
manos a la obra y fuimos decidiendo qué cosas podían quedarse y cuáles no.
El Apocalipsis lo quitamos del todo, porque no hay quién lo entienda.
Las cartas de Pablo también, porque era un rígido y un proselitista,
con perdón, y lo mismo con las de Pedro y Santiago. Nos reímos mucho al ver que
había una carta de Judas y al principio creímos que era un buen
ejemplo de acompañamiento del pecador, pero enseguida descubrimos que su autor
era un homófobo intolerante, así que también lo suprimimos.
En el
resto y en los propios Evangelios descubrimos muchas cosas muy poco
evangélicas. Donde decía “he venido a traer fuego a la tierra”, claramente
debía decir “no he venido a traer…”; “id y bautizad” había que cambiarlo
por “quedaos donde estáis y no hagáis proselitismo”; “el que no crea se
condenará” solo podía ser “el que no crea también se salvará” y un largo
etcétera. La historia del Domingo de Ramos es triunfalismo no cristiano; los
evangelios de la infancia, cuentecillos milagreros; las apariciones del
Resucitado, un claro caso de aparicionismo. Obviamente, no era propio de Jesús
decir algo tan ofensivo como “adulterio” y “adulterar”, y además sus supuestas
palabras contradecían un documento reciente de los obispos de esta zona, así
que también las borramos. No hace falta decir que la expulsión de los
mercaderes del templo fue protagonizada por los rígidos y violentos fariseos y
no por el Jesús manso, pluralista y tolerante de corazón que conocemos.
Nunca
habíamos trabajado tan duramente, ¡empleamos varias horas!, pero al final el
resultado mereció la pena. Básicamente, nos quedamos con una serie de
frases verdaderamente evangélicas que nos sabíamos de memoria, como “amaos
mucho”, “todo lo hago nuevo”, “el espíritu sopla donde quiere”,
“bienaventurados los mansos”, “¿quién soy yo para juzgar?” (dicen que esta
frase no estaba en el antiguo Nuevo Testamento, pero no hay nada más
evangélico) y algunas más. Por fin teníamos una Biblia manejable, de unas
quince páginas, muy apropiada para los hombres de hoy, que no tienen
tiempo de leer cosas largas y que ante todo quieren reafirmar sus ideas
preconcebidas.
Podemos
decir, con orgullo, que nuestra labor ha sido todo un éxito y está
empezando a difundirse. Gracias a los contactos de uno de mis hermanos obispos,
hemos logrado que, en el minuto 23 del decimotercer episodio de la
telenovela Cien días para enamorarse, aparezca un ejemplar encima de
la mesilla de noche de la protagonista. Incluso varias diócesis alemanas nos
han pedido una copia del Nuevo Testamento ArgentinoTM para traducirlo
y utilizarlo en la catequesis. ¡Creo que es la primera vez que Argentina
exporta algo a Alemania desde tiempos del virreinato!
Nosotros
ya hemos hecho nuestro trabajo como responsables de la pastoral diocesana.
Ahora les toca a ustedes y ustedas, queridos hermanos y hermanas. Léanlo y
compártanlo (pero solo con aquellos que ya sean cristianos, porque no
debemos hacer proselitismo).
Me
despido con un saludo de concordia y enviando energía positiva y buena onda a
todos y todas. Paz y democracia.
Mons.
Renato Panchamplero
Arzobispo
de Tortuguita
Doc.
Sacrae Theologiae et Moechiae cum Regibus Terrae

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