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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Conclusiones del Sínodo modernista de la Amazonia (6 y último)

A lo largo de cinco posts, sobrevolamos el Documento final del Sínodo modernista de la Amazonia.
No fue el sínodo de los amazónicos. Lo sabemos bien:  fue el sínodo del episcopado alemán y sus ideólogos. Del hereje de Kasper y toda esa banda de modernistas insaciables. Cínicos y paganos. Agentes del error. Viejos hippies negadores de Jesucristo.
Comprobamos que para los cristiano-amazónicos, la Iglesia no es más que una filial de la ONU, cuya agenda replica. Ya no es más la única vía de salvación para el hombre. La Madre que custodia el depósito de la Fe y nos acompaña en el duro camino de salvar el alma y entrar por la puerta estrecha del Cielo.  Como buen documento ideológico, ha cortado todo lazo con lo trascendente. Por eso sus reflexiones rebozan inmanentismo. La Iglesia es una mera organización terrestre que debe comprometerse en las “luchas” sociales que garantizarán el paraíso terrenal. La “lucha” por acá, la “lucha” por allá. No hay que ser santos. Hay que ser “luchadores”. Vamos a conseguir todo a base de voluntarismo. Somos buenos por naturaleza. 

Kasper y Lutero. Lutero y Kasper: dos caras de la misma moneda

De manera que sólo basta que nos propongamos un objetivo altruista, “luchemos ”por él con ahínco y fervor  y, seguramente, lo alcanzaremos. Cambiaremos las “estructuras” y pariremos el paraíso. Donde todos seremos buenos, solidarios, bien pensados, bien hablados, ordenados, prolijos y no eructaremos después de comer. Es el mismo sueño estúpido del Che Guevara. A estos límites de ridiculez lleva negar el pecado original en el hombre.
Estos modernistas buscan destruir la Iglesia. Y lo están logrando. Y lo consumarán si nos quedamos callados,  si no rezamos ni denunciamos proféticamente al demonio que los posee. Anuncian el arrianismo y el panteísmo. Su dios es la pachamama y su evangelio el delirio neomarxista-ecoteológico. Todo esto condimentado con mucho correctismo: dialogismo, derecho humanismo iluminista e ingentes dosis de demagogia. ¿No son los mismos que dicen que el infierno está vacío, que no tenés que esforzarte porque todo el mundo se salva? ¿No es éste el evangelio de la demagogia?
Estamos ante una nueva religión que busca fundar una nueva iglesia: la Iglesia del buen salvaje, la madre tierra, el pensamiento único, la renuncia a la doctrina y a los dogmas para reemplazarlos por una teoría de los valores y un pastoralismo deliberativo.
Los alemanes ya consiguieron el sínodo que querían. Ahora resta esperar qué harán con el propio que comienza prontamente de la mano del obispo Reinhald Marx, activo participante del conciliábulo amazónico y digno discípulo de Kasper. Otro nuevo sínodo de Pistoya asoma en la historia de la Iglesia. 

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