3-Magisterio
Paralelo. Después del Concilio Vaticano II tomó un impulso inusitado el
magisterio paralelo. Los escritos y las palabras de teólogos, exégetas y
liturgistas cobraron más importancia que la enseñanza bimilenaria de la
Iglesia. Pasó a ser más importante qué decía el diplomado de turno a lo que
dijo la Iglesia desde siempre. Este proceso fue acompañado por la desistencia
de la autoridad: en la práctica concreta, los Papas posconciliares no enseñan
para que el pueblo aprenda, no pretenden
que su enseñanza sea aceptada. Nadie tiene que aprender nada. Se opina. Y la
palabra del Magisterio papal pasó a ser una más entre todas. Si a eso se le
suma que los Papas dejaron de ser depositarios de la Fe para ser sus
“renovadores” (concepto totalmente ajeno a la Tradición y a la doctrina
católica), el peligro de disolver la Fe misma se constata en las consecuencias
que hoy vivimos. Se difundió el concepto
de que la verdad se impone por sí misma. Que puede convivir con el error
porque al final triunfará. Esto es falso. Si así fuera, nunca hubiera habido
herejías. La verdad puede ser aplastada por el error. Basta hojear la historia.
4- Festival
de doctores. Que los estudiosos opinen no es nuevo. Ni malo en sí mismo. Durante
la “oscura” Edad Media, disputaban en las Universidades a cara de perro. Pero
nadie sacaba los pies del plato. Nadie iba contra la Iglesia, su doctrina y su
tradición. Nadie predicaba en las catedrales o en los humildes templos rurales
otra cosa que no fuera lo que enseñaba la Iglesia. Se estudiaba más que ahora y
se debatía más que ahora. No había afán de protagonismo. Había santos:
Bernardo, Anselmo, Buenaventura, Tomás…Por eso las ciencias sagradas se
desarrollaron como nunca antes ni después lo hicieron. Hubo el tan remanido
“progreso” que tanto preocupa a algunos.
En este
tiempo “primaveral”, lo nuevo y malo es que los estudiosos pretenden reemplazar
la doctrina y la tradición de la Iglesia, adquirir afán de protagonismo
malsano, buscar poder y fama antes que verdad, reemplazar a los Obispos y al Papa
y destruir la constitución divina de la iglesia. En este tiempo primaveral, los
estudiosos están infectados de modernismo, porque las Universidades y centro de
estudios se plagaron de charlatanes.
5- Visitas
apostólicas. Por eso cuando llegan estos diplomados a esparcir sus
opiniones, son recibidos como si fuera un apóstol de visita. Llegan a eso: a
decir qué opinan. No a repetir las enseñanzas de la Iglesia. Pero no llegan a
un foro académico a debatir con sus pares la propia opinión. Y la mayoría, son
sacerdotes. O sea: faltan a su ministerio. Como fiel no me interesa qué opina
un clérigo. Me interesa y tengo derecho a que me transmita el Evangelio íntegro
cómo lo enseña la Iglesia. Pero hoy no es así. Por obra y gracia de que se les
ocurrió que hoy no es así. Hoy la opinión de los doctorcillos está a la par del
Magisterio auténtico. Es el reino del magisterio paralelo. Y son promocionados
como si trajeran la última verdad revelada. Después terminan despachándose con
los remanidos convencionalismos que se escuchan desde 1965 a machaca martillo. Insisto: si quieren opinar tienen un ámbito:
el universitario. Ahí pueden compatibilizar sus ideas con las del mismo diablo.
Pero en una iglesia, frente a la comunidad, un sacerdote debe enseñar lo que
siempre enseñó la Iglesia y guardarse sus opiniones en el bolsillo. (Continuará)
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