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miércoles, 23 de octubre de 2019

El Padre Marins en la Diócesis de Quilmes (2)


3-Magisterio Paralelo. Después del Concilio Vaticano II tomó un impulso inusitado el magisterio paralelo. Los escritos y las palabras de teólogos, exégetas y liturgistas cobraron más importancia que la enseñanza bimilenaria de la Iglesia. Pasó a ser más importante qué decía el diplomado de turno a lo que dijo la Iglesia desde siempre. Este proceso fue acompañado por la desistencia de la autoridad: en la práctica concreta, los Papas posconciliares no enseñan para que el pueblo aprenda,  no pretenden que su enseñanza sea aceptada. Nadie tiene que aprender nada. Se opina. Y la palabra del Magisterio papal pasó a ser una más entre todas. Si a eso se le suma que los Papas dejaron de ser depositarios de la Fe para ser sus “renovadores” (concepto totalmente ajeno a la Tradición y a la doctrina católica), el peligro de disolver la Fe misma se constata en las consecuencias que hoy vivimos. Se difundió el concepto  de que la verdad se impone por sí misma. Que puede convivir con el error porque al final triunfará. Esto es falso. Si así fuera, nunca hubiera habido herejías. La verdad puede ser aplastada por el error. Basta hojear la historia.

4- Festival de doctores. Que los estudiosos opinen no es nuevo. Ni malo en sí mismo. Durante la “oscura” Edad Media, disputaban en las Universidades a cara de perro. Pero nadie sacaba los pies del plato. Nadie iba contra la Iglesia, su doctrina y su tradición. Nadie predicaba en las catedrales o en los humildes templos rurales otra cosa que no fuera lo que enseñaba la Iglesia. Se estudiaba más que ahora y se debatía más que ahora. No había afán de protagonismo. Había santos: Bernardo, Anselmo, Buenaventura, Tomás…Por eso las ciencias sagradas se desarrollaron como nunca antes ni después lo hicieron. Hubo el tan remanido “progreso” que tanto preocupa a algunos.
En este tiempo “primaveral”, lo nuevo y malo es que los estudiosos pretenden reemplazar la doctrina y la tradición de la Iglesia, adquirir afán de protagonismo malsano, buscar poder y fama antes que verdad, reemplazar a los Obispos y al Papa y destruir la constitución divina de la iglesia. En este tiempo primaveral, los estudiosos están infectados de modernismo, porque las Universidades y centro de estudios se plagaron  de charlatanes.

5- Visitas apostólicas. Por eso cuando llegan estos diplomados a esparcir sus opiniones, son recibidos como si fuera un apóstol de visita. Llegan a eso: a decir qué opinan. No a repetir las enseñanzas de la Iglesia. Pero no llegan a un foro académico a debatir con sus pares la propia opinión. Y la mayoría, son sacerdotes. O sea: faltan a su ministerio. Como fiel no me interesa qué opina un clérigo. Me interesa y tengo derecho a que me transmita el Evangelio íntegro cómo lo enseña la Iglesia. Pero hoy no es así. Por obra y gracia de que se les ocurrió que hoy no es así. Hoy la opinión de los doctorcillos está a la par del Magisterio auténtico. Es el reino del magisterio paralelo. Y son promocionados como si trajeran la última verdad revelada. Después terminan despachándose con los remanidos convencionalismos que se escuchan desde 1965 a machaca martillo.  Insisto: si quieren opinar tienen un ámbito: el universitario. Ahí pueden compatibilizar sus ideas con las del mismo diablo. Pero en una iglesia, frente a la comunidad, un sacerdote debe enseñar lo que siempre enseñó la Iglesia y guardarse sus opiniones en el bolsillo. (Continuará)

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