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martes, 22 de octubre de 2019

El Padre Marins en la Diócesis de Quilmes (1)


La Diócesis de Quilmes promociona en su pagina web la visita del Padre José Marins. Nos informa que es un sacerdote brasileño, especialista en Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de renombre internacional. Desde hace cuarenta años visita distintos países para animar, acompañar y respaldar la vida de las CEBs, una experiencia eclesial nacida en Brasil en la década de 1950 y extendida luego a los países de toda América Latina y a otros continentes. Valora esta visita como especialmente enriquecedora con vistas al tercer sínodo diocesano. Finalmente añade: Entre los temas que abordará, el Padre Marins comenta que presentará el modelo de “una Iglesia ministerial, con pastoral encarnada, con rosto propio de Iglesia pluricultural y con unidad en la diversidad”. Y ayudará a considerar “una liturgia que incorpore la cultura de la gente; una teología según condiciones y necesidades locales (se trata de consultar no tanto una biblioteca, sino también a la gente); una pastoral misionera que haga de las periferias el centro de la parroquia; y un cambio de la concentración de ministros en torno al altar, para que encuentren la alegría de ser enviados a las periferias”.
Hasta aquí la presentación. Rápidamente apreciamos que estamos nuevamente ante la habitual jerigonza modernista, hábil para decir sin hacerlo, encubrir propósitos y desarrollar su agenda destructiva.

1-Diocesis infectada de modernismo. Si algún legado dejó a estas tierras Monseñor Novak fue una Iglesia diocesana semidestruida. En general, el nivel del clero siempre fue bajísimo. Como el del laicado “comprometido”. De una pobreza intelectual rayana en la ignorancia supina. Atesoramos, por supuesto, casos de inconducta moral probada. Prefiero no extenderme, pero es públicamente conocido el caso del presbítero muerto de SIDA en la cárcel, con sentencia por abuso de menores. Hay también una colección de diáconos permanentes notable. Notable por su inutilidad. Si trabaja el 50% de los enlistados hago fiesta. Invito yo.
Mención aparte merecen los “Centros Deformación” (sí, así, todo junto). O para que se entienda mejor: “Centros de Deformación”. Te deforman en lo que quieras: teología, filosofía, catequesis, “estudios” bíblicos, ciencias sociales, políticas, y un largo etcétera. No aprendes nada. Nada bueno.
Todo esto fue el legado del Obispo al que hoy pugnan por beatificar. Algunos de buena fe. Otros por ignorancia. Y otros por su afán inquebrantable de continuar destruyendo lo poco que queda en pie. Y esto es realmente preocupante, teniendo en cuenta que hoy día canonizan a cualquiera. Hay que ponerse en la cola nomás. El proceso de canonización se ha convertido en una patraña. De manera que es posible que lo “beatifiquen” primero, lo “canonicen” después y que, finalmente, en un par de años, no se acuerde de invocarlo nadie. Así son los “santos” posconciliares: se producen industrialmente para que nadie les rece al cabo de un tiempo. Porque son un invento. Acá en Quilmes seguro le rezará poca gente. Primero porque ni los curas rezan. Después, porque el común del pueblo no cree en estos santos de cotillón.
Todo lo descrito en un marco de mucho palabrerío hueco. Porque si algo caracteriza a los modernistas es hablar hasta por los codos, confusa y ambiguamente de religión, pero clara y profusamente de política. Quilmes está empachada de charlaternía izquierdista. Este es el refugio seguro de cualquier marxista trasnochado.   
De modo que la posibilidad de que  otro Obispo levante a este muerto que es la Iglesia quilmeña es cuasi milagrosa. Porque no quiero decir imposible. Aunque debería decirlo. No le pedimos milagros a Monseñor Tissera.

2-Ensañamiento terapeútico. Para reparar todo este desastre nada mejor que llamar al Padre Marins. De manera que el desastre se consolide. Los progresistas actúan como una secta: se reúnen entre ellos para hablar de ellos, escucharse entre ellos mismos, alabarse, despotricar contra “los otros”, la “derecha” y toda esa superchería que les agobia el entendimiento, aplaudirse los unos a los otros y terminar convenciéndose de que no hay nada mejor que ellos mismos y su propia agenda. Si alguno levanta el copete y dice, como el niño del cuento: “El rey está desnudo”, será automáticamente excomulgado de la secta con mayor ferocidad y encono que el que ellos acusan “a los otros”.
Para el clero local, el remedio a aplicar para levantar la diócesis es el mismo que se aplicó siempre. Ya tuvimos dos sínodos. No sirvieron para un pepino. Pues, tengamos otro. Ya vinieron otros Marins para explicarnos sus delirios eclesiásticos. Así nos fue. Pues que venga otro Marins para decirnos que esta vez será distinto. El mismo remedio que no te curó al mismo cuerpo enfermo. ¿Qué cuerpo aguanta? (Continuará...)

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