La Diócesis
de Quilmes promociona en su pagina web la visita del Padre José Marins. Nos informa
que es un sacerdote
brasileño, especialista en Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de
renombre internacional. Desde hace cuarenta años visita distintos países
para animar, acompañar y respaldar la vida de las CEBs, una experiencia
eclesial nacida en Brasil en la década de 1950 y extendida luego a los países
de toda América Latina y a otros continentes. Valora esta visita como especialmente enriquecedora con vistas al tercer sínodo
diocesano. Finalmente añade: Entre los
temas que abordará, el Padre Marins comenta que presentará el modelo de “una
Iglesia ministerial, con pastoral encarnada, con rosto propio de Iglesia
pluricultural y con unidad en la diversidad”. Y ayudará a considerar “una
liturgia que incorpore la cultura de la gente; una teología según condiciones y
necesidades locales (se trata de consultar no tanto una biblioteca, sino
también a la gente); una pastoral misionera que haga de las periferias el
centro de la parroquia; y un cambio de la concentración de ministros en torno
al altar, para que encuentren la alegría de ser enviados a las periferias”.
Hasta
aquí la presentación. Rápidamente apreciamos que estamos nuevamente ante la habitual
jerigonza modernista, hábil para decir sin hacerlo, encubrir propósitos y
desarrollar su agenda destructiva.
1-Diocesis
infectada de modernismo. Si algún legado dejó a estas tierras
Monseñor Novak fue una Iglesia diocesana semidestruida. En general, el nivel
del clero siempre fue bajísimo. Como el del laicado “comprometido”. De una
pobreza intelectual rayana en la ignorancia supina. Atesoramos, por supuesto, casos
de inconducta moral probada. Prefiero no extenderme, pero es públicamente
conocido el caso del presbítero muerto de SIDA en la cárcel, con sentencia por
abuso de menores. Hay también una colección de diáconos permanentes notable. Notable
por su inutilidad. Si trabaja el 50% de los enlistados hago fiesta. Invito yo.
Mención aparte merecen los “Centros Deformación” (sí,
así, todo junto). O para que se entienda mejor: “Centros de Deformación”. Te deforman
en lo que quieras: teología, filosofía, catequesis, “estudios” bíblicos, ciencias
sociales, políticas, y un largo etcétera. No aprendes nada. Nada bueno.
Todo esto fue el legado del Obispo al que hoy pugnan por
beatificar. Algunos de buena fe. Otros por ignorancia. Y otros por su afán
inquebrantable de continuar destruyendo lo poco que queda en pie. Y esto es
realmente preocupante, teniendo en cuenta que hoy día canonizan a cualquiera.
Hay que ponerse en la cola nomás. El proceso de canonización se ha convertido
en una patraña. De manera que es posible que lo “beatifiquen” primero, lo “canonicen”
después y que, finalmente, en un par de años, no se acuerde de invocarlo nadie.
Así son los “santos” posconciliares: se producen industrialmente para que nadie
les rece al cabo de un tiempo. Porque son un invento. Acá en Quilmes seguro le
rezará poca gente. Primero porque ni los curas rezan. Después, porque el común
del pueblo no cree en estos santos de cotillón.
Todo lo descrito en un marco de mucho palabrerío hueco. Porque
si algo caracteriza a los modernistas es hablar hasta por los codos, confusa y
ambiguamente de religión, pero clara y profusamente de política. Quilmes está
empachada de charlaternía izquierdista. Este es el refugio seguro de cualquier
marxista trasnochado.
De modo que la posibilidad de que otro Obispo levante a este muerto que es la
Iglesia quilmeña es cuasi milagrosa. Porque no quiero decir imposible. Aunque
debería decirlo. No le pedimos milagros a Monseñor Tissera.
2-Ensañamiento
terapeútico. Para reparar todo este desastre nada mejor
que llamar al Padre Marins. De manera que el desastre se consolide. Los
progresistas actúan como una secta: se reúnen entre ellos para hablar de ellos,
escucharse entre ellos mismos, alabarse, despotricar contra “los otros”, la “derecha”
y toda esa superchería que les agobia el entendimiento, aplaudirse los unos a
los otros y terminar convenciéndose de que
no hay nada mejor que ellos mismos y su propia agenda. Si alguno levanta el
copete y dice, como el niño del cuento: “El rey está desnudo”, será
automáticamente excomulgado de la secta con mayor ferocidad y encono que el que
ellos acusan “a los otros”.
Para
el clero local, el remedio a aplicar para levantar la diócesis es el mismo que
se aplicó siempre. Ya tuvimos dos sínodos. No sirvieron para un pepino. Pues,
tengamos otro. Ya vinieron otros Marins para explicarnos sus delirios
eclesiásticos. Así nos fue. Pues que venga otro Marins para decirnos que esta
vez será distinto. El mismo remedio que no te curó al mismo cuerpo enfermo. ¿Qué
cuerpo aguanta? (Continuará...)

No hay comentarios:
Publicar un comentario