Informa
hoy la prensa, que un par de valientes hicieron justicia al retirar de la Iglesia Santa
María en Traspontina, Roma, unas imágenes paganas colocadas indebidamente en el
lugar. Las arrojaron luego al río Tiber, cerca del Castillo
Sant´ Angelo. Esas imágenes habían sido colocadas en ocasión de las distintas
payasadas simiescas que, días pasados, acompañaron al Sínodo modernista
de la Amazonia; y habían suscitado grave escándalo, indignación y severos
interrogantes de los fieles a la autoridad eclesiástica. En concreto, nadie
sabía responder qué diantre simbolizaban. O mejor dicho: no querían responder
que simbolizaban a la pachamama o algún otro ídolo.
El sitio Infocatólica agrega
que Paolo Ruffini, Prefecto del dicasterio de Comunicación del
Vaticano dijo en rueda de prensa que "robar algo de un lugar y tirarlo
luego es un gesto que defino como una bravuconada. En esta sede hemos repetido
que la imagen representaba la vida, la fertilidad y la madre
tierra" (sic). Y añadió:
"Es un gesto que contradice el espíritu de diálogo. No sé qué otra cosa
más decir además de que esto ha sido un robo".
Los
Ruffini y todos los que son como él, están más preocupados por la ideología de
lo políticamente correcto que por las ofensas a Dios. Parece que hay que
explicarle a este necio el Primer Mandamiento de la Ley. Se preocupa
por la comisión de un robo. Parece que también hay que explicarle qué es la ley
eterna y qué la ley natural, y la prevalencia de ambas sobre la ley positiva
humana. Cualquier acto que impida la ofensa a Dios (que debe ser adorado sobre
cualquier inmunda pachamama) es un acto de justicia, y su "sustracción"
no es hurto ni robo, por más que la ley humana diga lo que se le ocurra. Porque
para la doctrina católica la ley humana que se opone a la ley divina no existe.
Es injusta y, como tal, puede ser desobedecida en conciencia. Ya repetía Santo
Tomas que "ius est ipsa res iusta", el derecho es la misma cosa
justa.
Este
modernista impresentable, al que le preocupa más el dialogo doloso que la profanación de la Casa de Dios, es una pequeña muestra del nivel de entrega, de
claudicación, de miseria y de desvergüenza de gran parte de la
autoridad eclesiástica romana. Han perdido la noción de pecado. De blasfemia.
De sacrilegio. Todo es lo mismo.
A
continuación el video donde se muestra el acto justo. Que se repita todas las
veces que sea necesario.
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