Terminó ayer en la ciudad de Barcelona un congreso titulado ‘La
aportación del Papa Francisco a la teología y a la pastoral de la Iglesia”. Durante el mismo, disertó el cardenal Walter
Kasper con una ponencia titulada “El mensaje de la alegría”.
Ya sabemos quién es Kasper y de que material está hecho.
Es el teólogo preferido de Francisco. Un modernista empedernido, siempre
bailando el minué al borde de la herejía.
No nos extraña el titulo de su ponencia.
La “alegría”, la
“espontaneidad”, la “misericordia” son los tópicos predilectos de estos
modernistas. No nos dejemos engañar por su locuacidad. Si no lo tenemos en
claro, no entendemos lo que está pasando en la Iglesia. Tras la cortina de humo
de la verborrea insustancial, se esconde el viejo plan de destruir la Iglesia
Católica.
Por supuesto que los tópicos señalados son atractivos
para la mayoría desprevenida. Hasta parecen inocuos. Sin embargo, no es así. A
través de estos talismanes, los modernistas inoculan todo el veneno de su
heterodoxia.
En mi opinión, la ponencia en sí misma es intrascendente.
Palabrerío posconciliar hueco. De tan repetido, harta. Además, oscura en
algunas apreciaciones. Típico de alemán. Hay una tradición intelectual alemana
según la cual cuanto más oscuros y retorcidos son, más inteligentes. Algo que
viene como anillo al dedo para cualquier modernista. Fíjense cuando habla de Laudato Si y díganme si no es un
galimatías indescifrable.
De todo este parloteo demagógico, voy a destacar algunos
puntos.
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| Cardenal Kasper |
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| Cardenal Kasper predicando |
En primer lugar, dijo que a Francisco lo mueven “los pobres, las críticas al capitalismo
desenfrenado, el apoyo a los migrantes, una nueva relación con la creación y
una nueva cultura de moderación y alegría”. Es decir: lo mueve una agenda
inmanente. Casi diría que es la agenda de un político. Lo destaca como si se
tratara de una virtud porque según él, tal posición lo aleja de los “ultraconservadores”
y de los “progresistas” que hay en la Iglesia. De modo que Francisco no sería
ni lo uno ni lo otro. Sería para Kasper una especie de “genus novum”. Porque no
se preocuparía, según él, de anunciar el Evangelio que siempre anunció la
Iglesia sino uno nuevo, parecido más al programa de un partido político que al
de un Pastor universal.
“El
entusiasmo inicial después de ‘Evangelii gaudium’ se ha desvanecido”,
sentenció. Personalmente, este primer documento del pontificado de Francisco nunca
me entusiasmó. Al contrario. Me alarmó. En primer lugar, por su contenido
liviano y vulgar. En segundo lugar, por algunas afirmaciones aventuradas, tales
como ésa de la conveniencia de reconocer a las Conferencias Episcopales la
facultad de definir doctrina. Un paso decidido a la constitución de Iglesias
nacionales y la consecuente destrucción de la Iglesia Universal. Y otro paso
más hacia la protestantización del catolicismo.
“El
mensaje de alegría es la respuesta a esta situación del mundo actual y de la
Iglesia de nuestro tiempo”. Si esto es lo único que tiene Kasper
para ofrecer, no tiene nada. La afirmación es tan insípida que huelgan los
comentarios.
El Papa “sabe
expresar de manera simple contenidos filosóficos y teológicos difíciles y
complejos”. Esto, sencillamente, no es cierto. El Papa sabe embrollar todos
los contenidos filosóficos y teológicos, los simples y los complejos. Recibiendo
a su amigo Scalfari y haciendo magisterio desde la prensa italiana a partir de
afirmaciones ambiguas: que si dijo o no dijo que existe el infierno; que si
dijo o no dijo que Jesús es Dios; que si dijo o no dijo que Jesús resucitó; que
si dijo o no dijo que las almas de los malos se esfuman en la nada….Si hay un
Papa que confunde, mezcla, le dice a cada uno lo que quiere escuchar, hace
política, rechaza la teología, la filosofía y el derecho, avanza tres pasos y
retrocede dos, ese Papa es Francisco. ¿No dijo acaso que hiciéramos lío? ¿No es
acaso lo que él hace?
“Reducir
toda la exhortación a dos breves observaciones que las critican sin considerar
el contexto es contrario a toda regla hermenéutica”, agregó refiriéndose a Amoris Laetitia. Este versículo debería enmarcarse. Es el preferido de la vulgata
modernista: los hechos no existen. Existen las interpretaciones sobre los
hechos. El caballo de Troya para “deconstruir” el Evangelio y fabricar otro
Evangelio “reinterpretado” a la luz del modernismo. Por eso, Amoris Laetitia no dice lo que dice. No.
Lo que pasa es que nosotros somos tan idiotas que no sabemos interpretarla en
su contexto. Y luego: Kasper y toda su pandilla no buscan constituir una
Iglesia nacional alemana a partir del próximo sínodo. No. Lo que pasa es que
nosotros no sabemos interpretar los hechos en su debido marco. Y fallamos en la
lectura de los textos utilizando una hermenéutica equivocada.
Kasper es un lobo. Y como tal, debe ser desenmascarado. No
sé hasta qué punto apoya a Francisco y hasta qué punto está buscando desestabilizarlo.
No le creo nada de lo que dice. Ni confio
en sus intenciones.


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