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lunes, 18 de noviembre de 2019

El demonio y los demonios (2)

Continuamos comentando el libro de Monseñor Balducci, "El Diablo".


4- Los ángeles condenados al infierno. Al pecado de los ángeles, siguió su condenación “al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles” (San Mateo 25,41).
De la eternidad de la pena que sufren, se habla sobre todo en el Nuevo Testamento: “castigo eterno” (San Mateo 25,46), “fuego que no se apaga” (San Marcos 9,43). El mismo evangelista habla después de infierno “donde su gusano no muere y el fuego no se apaga (San Marcos 9,48); en el Apocalipsis se lee: “Y la humareda de su tormento se eleva por los siglos de los siglos (San Marcos (Apocalipsis 14,11) y añade: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 20,10).

5- La herejía. La doctrina de la eternidad de las penas es clarísima en las Sagradas. Escrituras.
Sin embargo, en el siglo IV y de la mano de Orígenes, influenciado por la teoría estoica de los ciclos cósmicos, aparece la herejía llamada “apocatástasis”. 
Orígenes pensó que la redención era el comienzo del regreso a Dios de todos los seres creados y su fin ultimo la reconciliación universal y, por tanto, la salvación final, incluso de los mismos demonios.
Esta teoría junto con otros errores de Orígenes fueron condenados en el Sínodo de Constantinopla del año 543. La definición principal de la eternidad del infierno aparece en el IV Concilio de Letrán de 1218. También el Vaticano II habla del fuego eterno en Lumen Gentium 7,48.


6- El arrepentimiento en el infierno. Siguiendo a Santo Tomas, cabe destacar en el infierno dos tipos de arrepentimiento que sufren las almas.
El primer arrepentimiento es directo y consiste en detestar el pecado en tanto tal.
El segundo arrepentimiento es indirecto y consiste en odiar el pecado por las consecuencias que ha causado en quien lo comete, como por ejemplo, el castigo.
Los condenados al infierno no tendrán un arrepentimiento directo, que es el verdadero, pues permanecerá en ellos el apego a la malicia del pecado. Tendrán un arrepentimiento indirecto, en tanto se entristecerán por el castigo que sufren.
Finalmente, a esta altura, Balducci se enreda innecesariamente en el tópico convencional del tiempo presente, a saber: la hipótesis de un infierno vacío de seres  humanos. Rápidamente reconoce que carece de argumentos para sostenerlo, tanto él como quienes coquetean con esa hipótesis, sin ningún tipo de andamiaje en la Tradición.

7- Naturaleza del demonio. Su naturaleza es angélica. Es decir: los demonios son espíritus. Puro espíritu sin materia. Sin naturaleza corporal alguna. Difícil de imaginar, por cierto.
Son espíritus superiores al alma humana, creada para animar al cuerpo. El alma es la forma del cuerpo. Le da el ser al cuerpo. En el hombre, el alma humana necesita del cuerpo y el cuerpo del alma.
El alma humana obra sirviéndose del cuerpo; no es completa sino con el cuerpo, aunque puede existir sin él, pero en espera de volverse a unir al cuerpo, entonces transformado y enriquecido con características tales que lo hacen semejante al cuerpo resucitado de Cristo. (Continuará)

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