Continuamos comentando el libro de Monseñor Balducci, "El Diablo".
4- Los ángeles condenados al infierno. Al pecado
de los ángeles, siguió su condenación “al fuego eterno, preparado para el
diablo y sus ángeles” (San Mateo 25,41).
De la eternidad de la pena que sufren, se habla sobre
todo en el Nuevo Testamento: “castigo eterno” (San Mateo 25,46), “fuego que no
se apaga” (San Marcos 9,43). El mismo evangelista habla después de infierno “donde
su gusano no muere y el fuego no se apaga (San Marcos 9,48); en el Apocalipsis
se lee: “Y la humareda de su tormento se eleva por los siglos de los siglos (San
Marcos (Apocalipsis 14,11) y añade: “serán atormentados día y noche por los
siglos de los siglos.” (Apocalipsis 20,10).
5- La herejía. La doctrina de la eternidad de las
penas es clarísima en las Sagradas. Escrituras.
Sin embargo, en el siglo IV y de la mano de Orígenes,
influenciado por la teoría estoica de los ciclos cósmicos, aparece la herejía
llamada “apocatástasis”.
Orígenes pensó que la redención era el comienzo del
regreso a Dios de todos los seres creados y su fin ultimo la reconciliación
universal y, por tanto, la salvación final, incluso de los mismos demonios.
Esta teoría junto con otros errores de Orígenes fueron
condenados en el Sínodo de Constantinopla del año 543. La definición principal
de la eternidad del infierno aparece en el IV Concilio de Letrán de 1218. También
el Vaticano II habla del fuego eterno en Lumen Gentium 7,48.
6- El arrepentimiento en el infierno. Siguiendo a
Santo Tomas, cabe destacar en el infierno dos tipos de arrepentimiento que sufren
las almas.
El primer arrepentimiento es directo y consiste en detestar
el pecado en tanto tal.
El segundo arrepentimiento es indirecto y consiste en
odiar el pecado por las consecuencias que ha causado en quien lo comete, como
por ejemplo, el castigo.
Los condenados al infierno no tendrán un arrepentimiento
directo, que es el verdadero, pues permanecerá en ellos el apego a la malicia
del pecado. Tendrán un arrepentimiento indirecto, en tanto se entristecerán por
el castigo que sufren.
Finalmente, a esta altura, Balducci se enreda
innecesariamente en el tópico convencional del tiempo presente, a saber: la
hipótesis de un infierno vacío de seres
humanos. Rápidamente reconoce que carece de argumentos para sostenerlo,
tanto él como quienes coquetean con esa hipótesis, sin ningún tipo de andamiaje
en la Tradición.
7- Naturaleza del demonio. Su naturaleza es
angélica. Es decir: los demonios son espíritus. Puro espíritu sin materia. Sin naturaleza
corporal alguna. Difícil de imaginar, por cierto.
Son espíritus superiores al alma humana, creada para
animar al cuerpo. El alma es la forma del cuerpo. Le da el ser al cuerpo. En el
hombre, el alma humana necesita del cuerpo y el cuerpo del alma.
El alma humana obra sirviéndose del cuerpo; no es
completa sino con el cuerpo, aunque puede existir sin él, pero en espera de
volverse a unir al cuerpo, entonces transformado y enriquecido con características
tales que lo hacen semejante al cuerpo resucitado de Cristo. (Continuará)

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