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sábado, 9 de noviembre de 2019

El Padre Marins en la Diócesis de Quilmes


Hace un par de días atrás, escribimos varios artículos sobre la inminente visita del Padre José Marins a la Diócesis de Quilmes. 
Lamentablemente hasta ahora y ya producida la visita, no tenemos más referencias sobre su presencia que un par de líneas publicadas por AICA y replicadas por algunos medios. Es poco, pero suficiente para reflexionar.
Dice el texto que el padre Marins “hizo un fuerte llamado a buscar presencias capilares de la Iglesia en el territorio”. Hay que reconocer que los progresistas son originales en la invención de términos: “presencias capilares”. Tienen capacidad para hablar sin expresar nada. ¿Qué diantre querrá decir esto? Ahora resulta que existen las presencias capilares. Mirá vos. Otro aporte más a la confusión reinante.
 “Vamos a tener que desinstalarnos del cómodo estancamiento”, consideró. A mí me alcanza con que se pongan a trabajar y se dejen de parlotear idioteces. Con eso creo que la diócesis da un giro de 180º. “Desinstalarse” Otro término original. Yo más bien los alentaría a instalarse. Sí. Instalarse en una biblioteca a estudiar el Catecismo. Después que lo aprendieron, a enseñárselo a los fieles. Todos esos mamotretos llamados Documentos de Medellín, Puebla, Aparecida y no sé qué otra ocurrencia, guárdenlos en un baúl. Nunca vienen mal como antecedentes de lo que no hay que repetir.

 “Las CEBs, o las células eclesiales básicas, descentralizan la vieja estructura pastoral al tiempo que valoran a los laicos como corresponsables por la gente de un área, aun cuando con frecuencia ignoran las fronteras”. Otra vez el pastoralsmo demagógico. Resulta que las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) “valoran” a los laicos porque los hacen “corresponsables por la gente”. Los laicos son inmensamente desvalorizados por pastores que no los instruyen en la Fe, que no les enseñan lo que siempre enseñó la Iglesia. No es que ignoren las fronteras. Ignoran la Fe Católica porque nunca se las enseñaron. Son más pobres que los pobres materiales. ¿Y después me hablan de la “opción por los pobres”? ¿Cómo hace un ciego para guiar a otro ciego? Esos pobres laicos son ciegos incapaces de guiar a cualquiera. Recuerdo hace ya muchos años, un distinguido sacerdote de la diócesis me invito a dar una clase sobre el Sacramento del matrimonio en la “Escuela de Ministerios”, que supuestamente preparaba para el diaconado permanente. Apenas comienzo a hablar, un alumno (adulto mayor, evidentemente padre de familia) levanta la mano y me dice: “El matrimonio no es un sacramento”. Así. Sin anestesia. Le contesto: “Y a vos quién te dijo eso?”. Me respondió: “un sacerdote”. Le replico: “El matrimonio es un sacramento. Y decile a ese sacerdote que digo yo que es un burro”. De esta manera optan por los pobres en Quilmes. Criando burros en lugares donde deberían aprender el abecedario de la Fe. A esos desamparados les hacen coordinar CEBs. Con ellos pretenden convertir. No sé a quién van a convertir. Debería decir que son unos ilusos. No. Son unos cretinos.
“En fin, la evangelización no es para implantar espacios eclesiales, sino para encarnar el Evangelio”. Otro giro lingüístico sub specie modernista. Inentendible. Qué cosa serán los espacios eclesiales. Qué cosa es encarnar el Evangelio. Este lenguaje críptico podría ser descifrado así: nos interesa tres pepinos la Iglesia. No queremos expandir la Iglesia. Nos alcanza con que la gente “encarne” (¿?) el Evangelio según nosotros: que cada día sea un poquito más comunista. Que mezcle una gotita del Che con una de Jesús, otro poquito de Angelelli con algún Ave María y que se dejen de embromar con eso de rezar mucho, examinar la conciencia y pedir por los enemigos. Acá queremos "luchadores comprometidos".
 Algunos podrán creer que soy  un exagerado. Es porque ustedes no los conocen.

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