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viernes, 1 de noviembre de 2019

Conclusiones del Sínodo modernista de la Amazonia (3)

Continuamos analizando el Documento final del sínodo de la Amazonia.

Horizontalismo. Aparece una Iglesia preocupada sólo por las necesidades terrenas del hombre. Lo que lleva a magnificar los problemas cotidianos. Las carencias materiales. A sobreestimar las aspiraciones meramente humanas. Este concepto lo desarrollamos ya en el primer artículo de este blog: "Sobre la gran desaparecida”. Se trata de ese altruismo materialista que caracteriza a parte de nuestra clerecía. Es un humanismo que no tiene respuestas para la persona concreta porque se agota exclusivamente en lo material: el alma no existe y sus aspiraciones son despreciadas como “intimismo”, “espiritualismo”, “misticismo” y otras tantas que hemos oído hasta en boca de algunos obispos. Las verdades eternas de nuestra Fe no son proclamadas. La vida eterna se da por descontada, como si existiera un derecho natural a la vida eterna. No hay que ganarla. Ya está. No tenés que combatir por conquistarla. Ya está conquistada. De lo que se trata es de otro combate: una “lucha” por la igualdad, la fraternidad y la libertad universales. Este bagaje está en contra de toda la Tradición, comenzando por las mismas Escrituras. Cristo no vino a predicar la sociedad igualitaria ni el Reino de Dios es la sociedad comunista que estos sueñan. ¿Cómo es posible que no nos dimos cuenta en dos mil años que esto era el Evangelio? ¿Qué nos pasó que estos liberacionistas nos abren ahora los ojos? Sólo una interpretación torcida de las Escrituras puede hacerles decir lo que nunca dijeron. Obsérvese que todo este materialismo altruista colorea el Documento final. Las apelaciones frecuentes a la “lucha” o “acompañar en la lucha” (vgr. nº 36 in fine) tienen por objetivo construir el paraíso terrenal, porque el otro paraíso no les interesa. Es más: no creen en él. Véase el nº 9 y díganme si no está condensado todo lo que venimos diciendo. Díganme si no es el esbozo de una nueva religión.

El buen salvaje. Este mito permea también todo el Documento final. Supuestamente, los amazónicos lograron una civilización que los occidentales arruinamos;  un estilo de vida tan pacífico, armonioso con la naturaleza y valioso culturalmente que no sólo conviene proteger cuanto queda sino difundir e introducir en nuestras sociedades. No explica esto cómo es posible que  algunas tribus practiquen aún hoy el infanticidio. Ni realicen cultos paganos (siempre vinculados a la hechicería y al curanderismo) o desconozcan los rudimentos de la ciencia más elemental. Ni que algunos permanezcan como cuando Colón llegó a América. ¿Cómo es posible que no “progresaran” si esa civilización era tan espectacular? Que encierre algunos elementos positivos, no tengo porqué dudarlo. Que Occidente los tenga en mayor medida, tampoco. Terminemos con esta idiotez de querer generar en los occidentales una culpa que no merecemos.

Madre tierra. Las continuas menciones a la que llaman así, con mayúscula, “Madre Tierra” me parecen abominables. Un asco. La tierra no es mi madre, ni un elemento vivo al que deberíamos venerar. Así parece desprenderse del Documento. Solo en una mentalidad paganizada puede caber esta sandez de considerar que los hombres somos deudores de los elementos de la naturaleza. ¿Qué cosa le debemos a la tierra y al sol? ¿Me lo pueden explicar por favor? ¿Desde cuándo la luna es mi acreedora? ¿Qué tipo de crédito está en juego? ¿Es que debo rendir algún culto especial al rayo para que no me parta, a la lluvia para que riegue mis cultivos o a los ríos para que me provean de agua? ¿Qué cosa siniestra esconde esta apelación sino panteísmo encubierto con palabras bonitas? Recuerden el Salmo 135: “15.De oro y plata son los ídolos de las naciones, obra de las manos de los hombres, 16.tienen boca y no hablan, ojos, pero no ven; 17.tienen orejas, pero no oyen, ni siquiera un suspiro hay en su boca. 18.Que sean como ellos sus autores y todos los que en ellos se confían." Amén. (Continuará).

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