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jueves, 31 de octubre de 2019

Conclusiones del Sínodo modernista de la Amazonia (2)


Los redactores del Documento final, como buenos modernistas que son, utilizan la ambigüedad y el  subterfugio. No hablan claro pues si lo hicieran serían descubiertos en su herejía

Arrianismo. Nota típica de todos los progresistas es su negación de la divinidad de Nuestro Señor. Siempre recurriendo a ese lenguaje equívoco, incierto, de doble sentido. Pero hace rato que estamos alerta. Obsérvese el nº 51: Cristo con la encarnación dejó su prerrogativa de Dios y se hizo hombre en una cultura concreta para identificarse con toda la humanidad. Qué quiere decir “dejó su prerrogativa de Dios”? En la boca de estos arrianos quiere decir que Jesús en la tierra era simplemente hombre y no Dios hecho hombre. No era Dios verdadero y hombre verdadero. Era sólo hombre, pues “dejó su prerrogativa de Dios”. En dónde la dejó, no tenemos idea.

Arrio negó la divinidad de Jesús. Sus enseñanzas fueron condenadas por el Concilio de Nicea (326). No obstante se continuaron propagando a punto tal que dominaron gran parte del orbe católico. San Atanasio fue el gran profeta que combatió esta herejía. 

Panteísmo. Sobrevuela en todo el documento. Ese tintineo permanente de que “todo tiene que ver con todo” o que “todo está relacionado”; esa sacralización de lo profano, como la del nº 80: “…la preservación de los ríos y bosques, que son espacios sagrados, fuente de vida y sabiduría.” Hay un evidente endiosamiento de las cosas; una pulsión pagana que se les escapa por los poros. Cómo es posible llamar “espacio sagrado” a un río o a un bosque? Quién los sacralizó? Quién los hizo fuente de vida y sabiduría, cual si fuera el Dios verdadero? Su dios no es Dios. Su dios es en una totalidad cósmica de la que nosotros también formamos parte. Nosotros somos dios. Y los ríos, y los bosques, y lo que se te ocurra, también son dios. Y cuando todo es dios, nada es el verdadero Dios. El Dios personal de las Escrituras se diluye en el dios pagano de los liberacionistas amazónicos.

Ideología del diálogo. Yo creo que en este tipo de documentos cuando no quieren profesar la Fe verdadera y cuando no saben qué diantre decir, empiezan con la cantilena ésta del diálogo. Parece que fuera una especie de elixir que resuelve todo. En el posconcilio, el diálogo fue indebidamente elevado a categoría de auxilio eficacísimo contra cualquier problema. De pronto descubrimos lo que nuestros mayores no habían descubierto en 2000 años: que con el diálogo podés curar desde una úlcera hasta convertir a un esquimal. Porque el tópico es planteado en estos términos ridículos. El diálogo en boca de estos modernistas es veneno que diluye la Fe. Estos quieren poner en diálogo hasta el misterio de la Santísima Trinidad. No quieren anunciar la Fe verdadera a nadie. Quieren discutir todo para disolver todo y terminar haciendo de la doctrina católica un remedo de Lutero, Calvino, Huss, Zwinglio y Enrique VIII. Las continuas apelaciones al dialogo en este Documento final tienen esas características: los modernistas amazónicos no pretenden convertir a nadie, pero quieren dialogar con todo el mundo. Les gusta charlar, no convertir. No leo en ningún pasaje de las Escrituras que Jesús les haya dicho a los Apóstoles: “Id por el mundo y dialogad”. ¿Alguien encontró un pasaje así en La Biblia? (Continuará)

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