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lunes, 25 de noviembre de 2019

El demonio y los demonios (3)


Continuamos con la obra de monseñor Balducci, “El diablo”.

8- ¿Cuántos son los demonios?

Muchos Padres de la Iglesia y teólogos concuerdan en que el número de ángeles supera la posibilidad de cualquier cálculo humano.
En Apocalipsis 5,11 se dice que el número de ángeles era miríadas de miríadas y millares de millares.
Y en Apocalipsis 12,4 se lee sobre el dragón que “su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra”. Varios Padres ven en las estrellas a los ángeles y así hablan de una tercera parte de ellos que se volvieron diablos.
Comoquiera que sea, todos concuerdan en que el número de los demonios es muy elevado.
Santo Tomas se pregunta si los ángeles que pecaron superan en número a los que permanecieron fieles. Y responde que, al contrario de cómo habrían obrado los hombres (influenciados en su juicio por los sentidos, de los que carece la naturaleza angélica) los ángeles que permanecieron fieles son muchísimo más que los otros.
Dios creó como consecuencia directa de su bondad infinita. 
Dios creó el mundo y sus seres no porque los necesitara. Ni el mundo ni los seres le aportan nada a Dios. El acto creador de Dios es desbordamiento de su bondad infinita. Su amor es tan imposible de comprender y medir para nosotros, que lo llevó a crear. El amor como la bondad son esencialmente expansivos. La creación es consecuencia de la expansividad del amor y la bondad divinas. Cuanto más crea, Dios expresa su amor. Por ello podemos creer que creó tal cantidad de ángeles que nos es imposible comprenderlo. Millones de millones. Y de ellos, sólo una parte le fue infiel.
Los demonios son pues, miles de millones. Pero menos que los ángeles buenos.

9- ¿Existe una jerarquía entre los demonios?

Se puede suponer una jerarquía pero no sostener con certeza.
Del Nuevo Testamento parece deprenderse que sí existe esta jerarquía. En efecto, se habla del “príncipe” de los demonios (San Mateo 9,34), del diablo y sus ángeles (San Mateo 25,41), de los principados y potestades (Efesios 6,11-12), etc. Además, si los demonios eran ángeles y estos tenían jerarquía, es dable sostener que la continuaron o conservaron luego de revelarse.
Balducci se inclina por pensar que los demonios se diferencian por su poder y que esto marca una jerarquía. En el sentido de que el mayor poder de uno puede obligar al otro a obrar en consecuencia. Por ejemplo: si un diablo está en posesión de un individuo, otro de más poder lo puede obligar a permanecer en él por más tiempo.
Ya Santo Tomás argumentaba que tenían diversa perfección natural y, en consecuencia, la acción de unos podía estar por debajo de la acción de otros.

10- ¿Tienen un nombre?
No encuentra motivos para sostener que tengan nombres propios, específicos cada uno de ellos. Si en algún momento se lo adjudican, cree que lo hacen de puros mentirosos que son. Otra cosa es que nosotros les demos nombres. Y en esto la Sagrada Escritura ha sido muy parca.
Lo que sí hay y encontramos en la Sagrada Escritura son los nombres genéricos asignados a los demonios. El nombre “espíritu maligno” se encuentra 76 veces en el Nuevo Testamento. Luego en 63 oportunidades habla de “demonio”, término de origen griego, de etimología incierta y que indicaría la acción maléfica que esos espíritus difunden en el mundo en oposición a la de los ángeles.
Las Sagradas Escrituras mencionan en  36 oportunidades el nombre genérico “satanás” (principalmente en el Antiguo Testamento) y en otras 36 el nombre “diablo”.
El Nuevo Testamento menciona a los ángeles malos en 211 citas. También se encuentran aquí otros apelativos genéricos, por lo menos unos 20.  A saber: acusador, el dios de este mundo, el enemigo, el tentador, el malvado, homicida desde el principio, padre de la mentira, pecador desde el principio, principe de este mundo, serpiente, espíritu malo, espíritu inmundo, espíritu impuro.
Finalmente, hay que subrayar que estos nombres se usan indistintamente pero, en todos los casos, orientados a indicar la actividad maléfica de los espíritus infernales. (Continuará)

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