Pensamiento
único. Es característico de los progresistas denunciar la
existencia de un “pensamiento único” o
“hegemónico” como cínica trampa para imponer el propio. Quienes repiten este
mantra son los mismos que admiran tanto al régimen cubano o al venezolano como
antes al soviético; que, por lo que
sabemos, son adalides del pensamiento único. Pues bien: el pensamiento único se
destaca en todo el Documento final. Parece que no hay otra posibilidad de leer
el mundo y la realidad del Amazonia como los redactores la leen. Fíjense el nº
67: Ante la situación apremiante del planeta y de la Amazonía, la ecología
integral no es un camino más que la Iglesia puede elegir de cara al futuro en
este territorio, es el único camino posible, pues no hay otra senda viable para
salvar la región. Por
supuesto. Los redactores me agredirán si les planteo: que es opinable que el
planeta o el Amazonia viva una situación apremiante; que es discutible que la
ecología sea el único camino posible para salvar la región; que hay otros
caminos posibles y otras sendas
viables para intentar. Pero no: ellos
consideran discutible los dogmas heredados de nuestros mayores. Consideran
discutibles las Sagradas Escrituras. No consideran discutibles sus divagues
ecológicos. Estos no. Estos son dogmas de fe. Es el mundo del revés. Es
modernismo en estado puro.
Derecho humanismo iluminista. Es imposible que falte en algún documento
liberacionista la invocación de los derechos humanos. Véase el horripilante nº
70, falsamente fundamentado. No se acuerdan del derecho natural ni de la ley
eterna. No les importan. Pero que nadie les toque los derechos humanos de la
ONU: son sagrados e inviolables. Aunque al aplicarlos son muy tuertos pues
protegen sólo a sus amiguitos izquierdosos. El resto de la humanidad, que se
embrome. El derecho humanismo iluminista es fruto del liberalismo jurídico. Es
un verdadero peligro pues coloca en manos de parlamentos agnósticos y ateos la
vida, la propiedad y el destino de las comunidades. Como se trata de derechos
que no tienen anclaje ni en el derecho natural ni en la ley eterna, quedamos a
merced del capricho del príncipe de turno o de cuanto demagogo suelto ande por
el mundo. Derecho humano será lo que el charlatán de turno quiera que sea
derecho humano. Así terminamos erigiendo a los meros deseos como derechos. Pues
bien: a esta deformación sirven los modernistas liberadores. Qué concepto de
justicia puede surgir de este engendro, está a la vista con la justificación
que hacen de cuanto delirante izquierdista gobierna. En nombre de los derechos
humanos, nos perseguirán por predicar el Evangelio. Hay algunos tontos que
todavía no se dieron cuenta.
Ecoteología. En la que parece
embanderarse el Documento. Es un intento más de vaciar la teología católica.
Que ya ha dejado de ser la ciencia que trata de Dios para convertirse en la
ciencia que trata del hombre que experimenta a Dios. No importa conocer a Dios.
Importa tener experiencia de Él. Otro rasgo bien modernista. Todo esto con un
lenguaje cursi que chorrea apelaciones a la dignidad humana, los derechos
humanos, los pobres y la mar en coche. Todo para no decir nada pero deformar
todo: confundir teología con un simple ensayo sociológico, dignidad humana
ontológica con dignidad humana sobrenatural, los pobres materiales con los pobres que no conocen a Dios (que son
los verdaderos pobres), etc, etc. Un lenguaje insufrible, expresado en términos
confusos. Lean el nº 66 y díganme si no es un galimatías indiscernible.
(Continuará)

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