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lunes, 4 de noviembre de 2019

Conclusiones del Sínodo modernista de la Amazonia (4)



Pensamiento único. Es característico de los progresistas denunciar la existencia de un “pensamiento único”  o “hegemónico” como cínica trampa para imponer el propio. Quienes repiten este mantra son los mismos que admiran tanto al régimen cubano o al venezolano como antes al soviético;  que, por lo que sabemos, son adalides del pensamiento único. Pues bien: el pensamiento único se destaca en todo el Documento final. Parece que no hay otra posibilidad de leer el mundo y la realidad del Amazonia como los redactores la leen. Fíjense el nº 67: Ante la situación apremiante del planeta y de la Amazonía, la ecología integral no es un camino más que la Iglesia puede elegir de cara al futuro en este territorio, es el único camino posible, pues no hay otra senda viable para salvar la región. Por supuesto. Los redactores me agredirán si les planteo: que es opinable que el planeta o el Amazonia viva una situación apremiante; que es discutible que la ecología sea el único camino posible para salvar la región; que hay otros caminos posibles y otras sendas
A lo largo del Sínodo hemos visto y escuchado de todo. Por ejemplo: supuestos indígenas con plumas y remeras a la moda. Son tan truchos que ni se tomaron el cuidado de vestirlos como indios. Hasta el Sínodo de Pistoya tenía un poco más de dignidad que este espantajo



viables para intentar. Pero no: ellos consideran discutible los dogmas heredados de nuestros mayores. Consideran discutibles las Sagradas Escrituras. No consideran discutibles sus divagues ecológicos. Estos no. Estos son dogmas de fe. Es el mundo del revés. Es modernismo en estado puro.

Derecho humanismo iluminista. Es imposible que falte en algún documento liberacionista la invocación de los derechos humanos. Véase el horripilante nº 70, falsamente fundamentado. No se acuerdan del derecho natural ni de la ley eterna. No les importan. Pero que nadie les toque los derechos humanos de la ONU: son sagrados e inviolables. Aunque al aplicarlos son muy tuertos pues protegen sólo a sus amiguitos izquierdosos. El resto de la humanidad, que se embrome. El derecho humanismo iluminista es fruto del liberalismo jurídico. Es un verdadero peligro pues coloca en manos de parlamentos agnósticos y ateos la vida, la propiedad y el destino de las comunidades. Como se trata de derechos que no tienen anclaje ni en el derecho natural ni en la ley eterna, quedamos a merced del capricho del príncipe de turno o de cuanto demagogo suelto ande por el mundo. Derecho humano será lo que el charlatán de turno quiera que sea derecho humano. Así terminamos erigiendo a los meros deseos como derechos. Pues bien: a esta deformación sirven los modernistas liberadores. Qué concepto de justicia puede surgir de este engendro, está a la vista con la justificación que hacen de cuanto delirante izquierdista gobierna. En nombre de los derechos humanos, nos perseguirán por predicar el Evangelio. Hay algunos tontos que todavía no se dieron cuenta.

Ecoteología. En la que parece embanderarse el Documento. Es un intento más de vaciar la teología católica. Que ya ha dejado de ser la ciencia que trata de Dios para convertirse en la ciencia que trata del hombre que experimenta a Dios. No importa conocer a Dios. Importa tener experiencia de Él. Otro rasgo bien modernista. Todo esto con un lenguaje cursi que chorrea apelaciones a la dignidad humana, los derechos humanos, los pobres y la mar en coche. Todo para no decir nada pero deformar todo: confundir teología con un simple ensayo sociológico, dignidad humana ontológica con dignidad humana sobrenatural, los pobres materiales  con los pobres que no conocen a Dios (que son los verdaderos pobres), etc, etc. Un lenguaje insufrible, expresado en términos confusos. Lean el nº 66 y díganme si no es un galimatías indiscernible. (Continuará)

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